115. Canal de Dios

Mike Parsons
con Jeremy Westcott

Jesús se transfiguró aquí en la tierra y brilló con gloria.

Esa es la voluntad de Dios para cada uno de nosotros, que brillemos con la gloria de Dios. Podemos empezar a manifestar la gloria de Dios a través de nuestras vidas si nos convertimos en canales del Dios que vive en nosotros.

Hablar de canalizar puede, una vez mas, despertar nuestras sospechas porque eso es algo que se practica en la Nueva Era. Lo cierto es que ellos han comprendido un concepto que es lícito, pero lo han usado de una forma que es ilícita.

Dios está en nuestro interior, en nuestro espíritu, pero para manifestarse de forma externa tiene que atravesar nuestra alma y nuestro cuerpo. Así que nos convertimos en canales, en interfaces entre Dios y el mundo que nos rodea, somos el medio que Él utiliza para poder manifestarse. Cuando Jesús hizo todos los milagros y todas las demás cosas que hizo, fue el Padre en Él quien manifestó Sus obras.

Dios nos está llamando a esa misma relación, a que hagamos las obras que vemos al Padre hacer. Todo nace de la revelación que nos es dada conforme somos transformados de grado en grado de gloria.

Cuando hablamos de “transformación” no es simplemente un cambio de conducta. A esto me refería en el blog anterior cuando hablamos del ADN. Si nos sometemos al proceso de transformación, no solo gozaremos de una relación mas cercana, íntima con Dios, también venceremos pecados que se han posicionado en nuestras vidas, pero lo realmente importante (por muy importantes que sean todas las cosas mencionadas) es que seremos transformados de forma radical, nos iremos convirtiendo en “hijos de luz”.

Simplemente decir “hijos de luz” lleva mas significado del que la mayoría de las personas jamás se haya planteado. Reduciendo el significado de ese concepto a lo mas mínimo, digamos que estaríamos hablando de recuperar habilidades que yacen latentes en nuestro ADN. Estas habilidades se reactivarán, restaurándose lo que Adán tenía antes de pecar, y aun se irá a mas.

Es muy posible que no lo hayamos entendido todo todavía. Sin embargo, Dios es capaz de hacer mucho mas de lo que podríamos pedirle o incluso imaginar.

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Este artículo fue publicado originalmente en inglés en nuestro blog Sons of Issachar.

 

114. Doce cadenas, doce piedras

Mike Parsons
con Jeremy Westcott – 

Cuando Adán fue creado como un ser espiritual, fue vestido de gloria. Espíritu, alma, cuerpo – pero su espíritu estaba en el exterior y su cuerpo en el interior. No había sangre, porque era un ser de luz.

Adán tenía originalmente una triple hélice con tres cadenas de ADN que representaban el cuerpo, el alma y el espíritu hechos a imagen de Dios. Fue creado con el potencial de llegar a ser un hijo de Dios completamente maduro, conteniendo las nueve cadenas (3×3) de ADN que representan la plenitud de Dios, añadidas a sus tres cadenas para formar las doce que representan la plenitud de gobierno de Dios

Entraré en este tema mas detalladamente en el resto de este post, pero lo que es importante comprender es que tenemos la capacidad de cambiar, de ser transformados, a un nivel mas alto de lo que la mayoría de nosotros jamás ha imaginado.

El 97% de ADN está inactivo

El pecado causó que las cadenas de luz del ADN se perdieran (las longitudes de onda de Dios que estaban dentro de nosotros). Ahora sólo tenemos el 3% de nuestro ADN que está activo. El 97% está inactivo aunque permanece en nosotros codificado.

Unos científicos rusos, que trabajan en el proyecto del genoma humano, encontraron que había lenguaje y sintaxis dentro de ese 97% y que podía ser cambiado y recodificado por frecuencias, sonidos o incluso palabras dentro de un rayo de luz láser. Recientes investigaciones han confirmado que esta área del ADN tiene dispositivos o interruptores que pueden ser activados y desactivados (por ejemplo, por el entorno, las palabras o un trauma), y que lo que activan son las capacidades y debilidades genéticas. Podemos conformarnos a la imagen de Dios, y volver a convertirnos en un ser de luz transfigurado, porque nuestro ADN tiene la capacidad de ser reprogramado

(Un nuevo campo de estudio científico llamado epigenética muestra que no sólo se puede cambiar el ADN, sino que esos cambios se pueden transmitir a la siguiente generación: el estudio científico  está  de acuerdo con que la iniquidad se transmite a la tercera y cuarta generación tal y como siempre se ha dicho en la Biblia)

El espíritu de Adán implosionó en su ser más íntimo cuando pecó, de forma que su espíritu se situó en su interior. Y Dios le dio piel. Dios no mató a un animal y envolvió su piel alrededor del hombre: le dio piel, tres capas de piel, para cubrir su sangre, porque la sangre es luz congelada (eso puede parecer extraño, pero si haces una búsqueda en Google, encontrarás pensamiento científico que va en esa dirección).

Adán perdió su habilidad de acceder al reino espiritual porque perdió  el ADN de  luz, por lo tanto se convirtió en un ser humano con una doble hélice de 2 cadenas de ADN físico. Cuando nacemos de nuevo y nuestro espíritu está correctamente reconectado con nuestra alma y cuerpo, recuperamos nuestra tercera cadena de ADN de luz.

Adán tenía tres cadenas de ADN: dos que contenían ADN físico, y una de luz. La luz puede contener información codificada – estamos familiarizados con el cable de fibra óptica que se utiliza en la tecnología moderna para transportar información, datos, sonido, etc. En la cadena de luz del ADN, hay información codificada que puede ser sonido, frecuencia, fragancia y fórmulas matemáticas relacionadas con nuestro destino o identidad espiritual.

Dios me habló de esto en el 2010, pero no compartí nada durante 12 meses porque necesitaba meditar en ello y volver a la palabra de Dios. Lo que encontré fue que se relaciona con las nueve piedras que cubren el cuerpo de Lucifer (Ezequiel 28): esas piedras representan las nueve cadenas del ADN de Dios. En el mismo capítulo leemos que Satanás está sobre las piedras de fuego: He estado sobre esas piedras de fuego y hay nueve piedras y hay nueve pasos para la ascensión.

Todo esto puede parecer similar al  budismo. Pero, ¿de dónde ha sacado el budismo  Como todo lo que hay ahí fuera, el budismo es una corrupción, una perversión de la verdad. Existe ‘La Verdad’ y la gente ha tomado esa verdad, la ha interpretado y la ha aplicado de acuerdo a su propio entendimiento o propósitos, por lo que acaba siendo tergiversada (en mayor o menor grado). Si nos fijamos en los escritores de ciencia ficción y fantasía de todo el mundo, están recogiendo un sonido que sale del cielo. Lo interpretan a través de su propia alma, para producir libros, películas, series de televisión o lo que sea, pero hay algo de verdad en sus historias.

Hijos de Dios maduros

El hombre no fue creado perfecto, fue creado sin pecado. Si Adán no hubiera pecado, aun así habría necesitado ser conformado a la imagen de Jesús y llegar a ser como Él. Por esta razón hubo un proceso en el cual a Satanás (o Lucifer, que es quien era entonces) se le dio la autoridad de instruir al hombre para que se llegara a ser un Hijo de Dios maduro.

Originalmente teníamos tres cadenas de ADN porque fuimos hechos a imagen de Dios: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dios tiene nueve cadenas de luz de ADN: tres del Padre, tres de Jesús y tres del Espíritu. El conocimiento revelador contenido en las nueve cadenas del ADN de Dios fue para llevarnos a la madurez como hijos. Lucifer iba a ser el que iba a instruir al hombre en este proceso y esto se representó con las nueve piedras que cubrían su cuerpo (como uno de los querubines, cubrió el trono de Dios, y como portador de luz iba a reflejar la luz reveladora de Dios en el universo).  En cambio, como sabemos, Satanás tomó ese conocimiento y lo cambió, y un tercio de los ángeles le siguieron.

Doce piedras

Ahora si nos fijamos en el pectoral del sumo sacerdote  veremos que hay doce piedras, nueve son las mismas que cubrían el cuerpo de Satanás y además tiene tres mas. Que el hombre tuviera tres piedras mas fue lo que enfureció a Satanás. Las piedras de los hijos. El ADN humano siempre ha sido un campo de batalla (Gen 3:15) y ya hemos hablado de la guerra de semillas y el conflicto entre la semilla de Satanás y la semilla de la mujer. Esta guerra se lleva luchando por los siglos y se está luchando actualmente, la tecnología GRIN es el campo de batalla hoy en día (GRIN es el acrónimo para los procesos Genéticos, Robóticos, de la Información, y Nanotecnología)

El deseo de Dios es convertirnos en hijos prefectos por eso quiere transformar nuestro ADN. Quiere transformarnos para que volvamos a ser hijos de luz, igual que Jesús fue transfigurado aquí en la tierra y brilló con gloria.

Doce piedras (9+3) representan el gobierno completo, la autoridad completa de Dios y el hombre en unidad, unidos en un espíritu (1Cor 6.17). Dios siempre ha querido que nos convirtiéramos en coherederos con Él, completamente maduros, y que unidos gobernáramos el universo creado, tanto el físico como el espiritual.

Esto es lo que significa para nosotros ser hijos de Dios.

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113. Dos testimonios resonantes

Mike Parsons
con Jeremy Westcott

Porque el deseo de la carne se opone al Espíritu, y el del Espíritu se opone a la carne; y éstos se oponen entre sí para que ustedes no hagan lo que quisieran hacer. (Gálatas 5:17)

Una batalla en el interior

Tan pronto como nacemos de nuevo, hay una batalla en nuestro  interior.

La carne y el espíritu comienzan a luchar por el control. El alma y el cuerpo han tomado las decisiones durante toda nuestra vida, y ahora no quieren someterse. De repente, nuestro espíritu está vivo y conectado con Dios, Dios vive en nuestro interior. Así que ahora tenemos que decidir todos los días, en cada momento. Entregar nuestra vida a nuestro espíritu, o a nuestra alma.

Dos testimonios que resuenan en contraposición comienzan a competir y crearán patrones de interferencia destructivos a menos que decidamos constantemente elegir uno sobre el otro.

La carne no quiere lo que nuestro espíritu quiere, y viceversa. Si terminamos haciendo las cosas que nuestra carne desea, nuestro espíritu no será feliz (y Dios tampoco estará contento). Seamos honestos con nosotros mismos: ¿quién está ganando el concurso? ¿Qué parte del  día  vivimos de acuerdo con los propósitos y planes de Dios para nuestras vidas, y cuánto estamos a la deriva, viviendo de acuerdo con los caprichos de nuestra carne? Necesitamos diariamente rendirnos a los propósitos de Dios para nosotros.

Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame. (Lucas 9:23)

Sacrificios vivos

He publicado antes acerca de cómo rendirnos diariamente como sacrificio vivo. A medida que lo hacemos, nos transformamos, para que podamos llegar a nuestro destino.

Así que, hermanos, yo les ruego, por las misericordias de Dios, que se presenten ustedes mismos como un sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. ¡Así es como se debe adorar a Dios! Y no adopten las costumbres de este mundo, sino transfórmense por medio de la renovación de su mente, para que comprueben cuál es la voluntad de Dios, lo que es bueno, agradable y perfecto. (Romanos 12:1-2)

Nuestra mente no es nuestro cerebro. Nuestra mente es nuestro subconsciente, que está en nuestro corazón.

La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que las espadas de dos filos, pues penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. (Hebreos 4:12)

A medida que nos alineamos con la palabra de Dios, tanto con las Escrituras como con lo que Él ha escrito en nuestro rollo del destino, eso tendrá un efecto en los pensamientos e intenciones de nuestro corazón. ¿Vendrán esos pensamientos de nuestro espíritu o de nuestra carne?

La elección es nuestra.

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112. La Comunión nos transforma

Mike Parsons
con Jeremy Westcott

Aplicando el Cuerpo y la Sangre de Jesús

Ya hemos visto cómo el tomar la comunión nos puede transformar por el mismísimo ADN de Dios. Hemos incluido unas declaraciones que usamos en la iglesia Freedom Church cuando compartimos la comida del pacto:

Me uno con el ADN de Dios.

Permito que el poder del cuerpo y de la sangre de Jesús me transforme.

Me uno con el diseño eterno que contiene la luz, el sonido y la frecuencia de la imagen de Dios.
Abrazo el registro de las dimensiones del reino que fluyen en mi cuerpo por el ADN de Dios.

Me uno con ese ADN y lo transfiero a mis huesos.
Le ordeno a mi médula ósea que produzca vida. 

Me sintonizo con la frecuencia del ADN que me transforma a la imagen de Jesús.
Que todas mis instrucciones genéticas se transformen,
que mi ADN sea resecuenciado y entre en sintonía.

Que la sangre de Jesús transforme mi materia genética impura. Sé transformada.

Aplico la sangre de Jesús a todos los patrones genéticos de iniquidad. Sed limpios.

Ordeno a toda mi configuración genética que resuene con el ADN de Dios
y se armonice con mi imagen eterna.
Decido portar la imagen de mi Padre en el cielo.
Decido portar la imagen de mi Hermano en el cielo.

Que Dios sople Su aliento en mi vida
y me transforme en un ser viviente,
unido al Señor y siendo un solo espíritu con Él

Declaro sobre mi ADN palabras para crear y liberar las habilidades sobrenaturales de Dios:
Desato la habilidad de ver en las esferas celestiales.
Desato la habilidad de moverme en la realidad del reino.
Desato la habilidad para transformar la materia.

Descarga la versión para imprimir de esta oración aquí: Oración de Comunión (PDF). Compártela libremente. Mejor aún, ¡escribe tu propia versión! De la misma forma que yo lo hice busca tus propias palabras y expresa todo lo que Dios te muestre sobre lo que quiere hacer en ti y lo que ya está haciendo.

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111. Un ser espiritual, un ser viviente, un ser humano

Mike Parsons
con Jeremy Westcott

Adán fue creado un ser espiritual. Todos lo fuimos. Adán se convirtió en un “ser viviente” cuando Dios sopló Su aliento en él. Esto es un poco diferente a un ser espiritual, pero cuando Adán pecó se convirtió en un ser humano. Perdió su condición de ser viviente y su condición de ser espiritual porque su espíritu estaba muerto, separado de Dios.

Todos nacemos siendo seres humanos, aunque con un destino. Todas las personas que han nacido desde Adán, excepto Jesús, han nacido como seres humanos. Jesús no vino de un óvulo de su madre y del esperma de Dios. Él vino en un cuerpo humano, completamente de Dios.

Jesús, el segundo Adán, ganó la victoria en la cruz. Derrotó a todos los principados, a todas las potencias y a todas las demás fuerzas demoníacas. Su victoria nos da la capacidad de nacer de nuevo, de entrar en una relación con Dios y de reclamar nuestro destino.

Esto significa que podemos volver a ser seres espirituales.

Pero tenemos que ir más allá y convertirnos en seres vivientes. Es necesario que Dios venga y sople Su aliento en nosotros. Dios viene a morar a nuestro espíritu. Como seres espirituales tenemos acceso a nuestro destino, y entonces nuestro pergamino del destino se posa en nuestro corazón y comienza a vibrar. Produce un sonido. Empezamos a resonar con él, y ese sonido comienza a transformar nuestro ADN físico y espiritual.

Partir el pan o en tomar la comunión va mucho mas allá de lo que habíamos comprendido hasta ahora. Al partir el pan y compartir el vino somos transformados porque tomamos del ADN de Dios (puedes leer todas las cosas sorprendentes que Jesús dice acerca de comer Su carne y beber Su sangre en Juan capítulo 6).

Sólo la intimidad con Dios puede empezar a cambiarnos y a transformarnos en ese ser viviente que Él quiere que seamos.

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110. El corazón, la sangre y el cerebro

Mike Parsons 
con Jeremy Westcott 

Nuestro destino fue establecido en Dios antes de que naciéramos. Pero nuestra alma y nuestro cuerpo crecieron alrededor de nuestro pergamino del destino y este se perdió, siendo incapaz de ser reconocido. Nuestra carne está programada por la herencia genética y por el entorno.

En el presente, nuestro corazón lleva el registro de nuestro pasado. Todas esas experiencias y características heredadas que han dado forma a los que pensamos de nosotros mismos se llevan en el corazón. Si estamos permitiendo que esto nos afecte en el presente, es que necesitamos deshacernos de este bagaje y ver nuestro corazón sanado, perdonado, restaurado y transformado.

Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él. (Pro 23:7)

Es lo que pensamos de nosotros mismos (la opinión que tenemos de nosotros) lo que decidirá nuestra forma de vivir. Así que cuando permitimos que Dios purifique nuestro corazón para que podamos empezar a pensar en nosotros mismos de la forma en la que Él piensa, nuestras vidas cambiarán.

El corazón programa la sangre, y la sangre va al cerebro y programa nuestro pensamiento.

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109. Como desarrollar nuestros sentidos espirituales

Mike Parsons
con  Jeremy Westcott

Primero lo natural…

Los sentidos naturales tardan tiempo en desarrollarse.

El oído es uno de los sentidos que usamos primero, sabemos que los bebes pueden oír en el útero materno. El nervio auditivo está conectado a todos los órganos del cuerpo menos al bazo e incluso continúa reverberando por un corto tiempo después de la muerte. Pero solo aprendemos a comprender lo que oímos por medio de la repetición y la práctica constante.

La vista natural también mejora gradualmente. Cuando te miro, lo que realmente sucede es que la luz se refleja desde ti y entra en mi ojo. Eso proyecta una imagen al revés en la parte posterior de la retina, y mi cerebro aprende a interpretar eso como “tú”.

Los recién nacidos solo pueden ver a unos centímetros de distancia, justamente lo que necesitan para poder reconocer la cara de su madre. En los siguientes seis meses la visión mejora gradualmente hasta que el bebe puede ver perfectamente. Así tienen tiempo para procesar cantidades cada vez mayores de información y gradualmente pueden dar sentido a lo que les rodea, al ámbito natural en el que viven.

…después lo espiritual

Para la mayoría de nosotros esta no ha sido nuestra experiencia con los sentidos espirituales. Quizá hemos ido tomando conciencia de las cosas espirituales, pero casi nadie en la iglesia enseña sobre cómo experimentar con ellos, por lo que realmente no hemos tenido la oportunidad de desarrollar nuestros sentidos espirituales.

Cuando empezamos a seguir a Jesús, probablemente continuamos viviendo principalmente en el mundo natural, experimentando un poco de espiritualidad de vez en cuando. Esas ocasiones quizá ocurrieron cuando experimentamos momentos extraordinarios de adoración o cuando una palabra predicada nos impactó de verdad. Pero la conciencia espiritual no está reservada para ocasiones especiales, y no tiene por qué estar sujeta a lo que sucede a nuestro alrededor.

Podemos aprender a implicarnos en el reino espiritual tal como aprendimos a participar en el natural. Vamos a entrenar nuestros sentidos espirituales cómo lo hicimos con los sentidos naturales, vamos a desarrollarlos a través de la repetición y la práctica. Entra y sal del reino de los cielos. Luego, gradualmente, empezaremos a dar sentido a lo que nos rodea, al reino espiritual en el que también vivimos.

Podemos hacerlo. La intención de Dios es que vivamos en dos dimensiones: en el cielo y en la tierra al mismo tiempo, tal como lo hizo Jesús. Él pretende que manifestemos poder y autoridad como los seres espirituales que realmente somos. Él quiere que manifestemos nuestro destino en este mundo.

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